Publicado: marzo 18, 2009 en General

El Tercio de Montañeros Nuestra Señora de Covadonga, surge como organización juvenil con el objetivo de ofrecer una alternativa de “ética y estilo” diferente a la que nos invita la sociedad actual.


Si la Cuerda Larga es la ruta que recorre la línea de cimas más característica del Guadarrama, la Integral hilvana todas las cumbres que componen el circo de la Pedriza Posterior. Si la primera eleva al montañero a lo más alto de la Sierra a cambio de un prolongado esfuerzo, la segunda exige dar lo mejor de sí mismo para regalarle el descubrimiento de los más intrincados parajes serranos.

A lo largo de su recorrido, la Integral es una sucesión de cuestas, collados, praderas, trepadas entre las rocas y aéreas travesías que hacen integrarse por completo al montañero con el excepcional entorno que recorre.

Dada la longitud y complejidad de este itinerario, será descrito en dos entregas consecutivas, pudiendo prolongarse en su final, en el collado de la Dehesilla, con la travesía de la Pedriza anterior, visitando el Yelmo, para concluir en Canto Cochino o en El Tranco, ya cerca de Manzanares el Real.

Desde el aparcamiento de Canto Cochino, donde en esta época del año conviene llegar temprano, pues suele estar lleno desde primera hora de la mañana, descender hasta el puente de madera que cruza sobre el río Manzanares. En el otro lado tomar el camino que a mano izquierda salva una pequeña cuesta empedrada, pegada al recinto de la Casa de Oficios de la Pedriza. Enseguida alcanza una zona abierta en mitad del pinar. Tomar el sendero que sigue a la izquierda de un cartelón metálico situado justo enfrente.

El camino discurre paralelo al río Manzanares, aunque alejado de las aguas. Continuar por el interior del pinar hasta alcanzar el segundo camino que se abre a la derecha, iniciando una subida por la ladera. Tomarlo y empezar a ganar altura. Más adelante se sortea un afloramiento rocoso.

Perfectamente definido el camino gira a la izquierda, Oeste, penetrando en un vallejo. Luego torna poco a poco a la derecha, al tiempo que se adentra entre grandes rocas. Ocasionalmente debe atravesar pasadizos entre ellas, mientras otras hay que encaramarse encima de los bloques.

Cada vez más cerca, la silueta del Cancho de los Muertos ocupa el lado norte del horizonte. Tras pasar junto a un abrigo natural, se alcanza el tortuoso roquedo situado justo a los pies del afamado risco.

Collado del Cabrón

El camino, marcado con señales blanquirrojas, alcanza la esquina Sureste del cancho, encontrando paso entre el laberinto de roca. El camino discurre a media ladera unos metros por debajo de la pared oriental de esta cima. Un ligero descenso, siempre buscando paso entre grandes peñas, se alcanza el collado del Cabrón.

A esta importante encrucijada pedricera que se alza a una altitud de 1.303 metros, llegan cinco caminos diferentes. El que nos interesa está situado de frente, Norte, unos metros a la izquierda del mismo collado, en su lado occidental. No confundirse con otro que sigue de frente en la misma dirección y que está a la derecha del que debe tomarse.

Un sendero perfectamente marcado se dirige al segundo grupo de riscos de la jornada, donde destaca el Pajarito. Poco a poco la cuesta se empina hasta el pie de las paredes. Tomar en este punto la marcada canal que delimita la pared oriental del Pajarito y tiene en su otro lado el inconfundible risco de La Vela.

Primero andando sobre una fuerte pendiente y finalmente con una sencilla trepada se alcanza un callejón que desemboca en una horquilla por la que se pasa al lado norte de este pequeño macizo rocoso.

En el otro lado está un corral, formación de La Pedriza que consiste en una zona llana rodeada de pequeñas paredes de piedra, donde está el Jardín de la Campana, que toma nombre del risco situado en su lado Este, que tiene esta forma evidente.

Bajar unos metros hasta la pequeña zona llana y atravesarla dirección norte, enseguida la senda asciende por una canal donde crece un gran roble. Encima suyo se alcanza una zona de gradas rocosas. Las señales del camino conducen ligeramente a mano izquierda, pasándose bajo el Carro del Diablo, una llamativa piedra caballera aquí situada. Una suave subida conduce hasta una zona emboscada. Atravesarla hasta alcanzar el amplio collado de La Romera.

En esta zona debe tenerse especial cuidado en no equivocarse y tomar el ancho camino que desciende a la derecha, Este, hasta los Llanillos, en el interior del circo de la Pedriza y fuera de la Integral. El camino correcto arranca de una bifurcación en el bosque. Es el de la izquierda, que se dirige horizontal directo rumbo Norte, sorteando algunos afloramientos y zonas de cerrados arbustos. Señales e hitos de piedra ayudan a llevar la dirección correcta.

Trepadas por la roca

Al final del extenso collado se inicia una nueva cuesta arriba por un terreno rocoso. Una canal concluye bajo dos grandes rocas. El paso consiste en superar la grieta formada entre ambos para al final salir por la derecha. Más adelante hay otro paso difícil situado ante una cueva, que debe superarse por los bloques situados delante suyo, en el lado izquierdo. Sigue una zona horizontal y el paso por un estrecho callejón que lleva de nuevo al lado interior del circo de la Pedriza.

Una travesía horizontal por un robledal lleva a una amplia y muy empinada canal. Aquí abundan los hitos de piedra y las señales de pintura, siendo posible subir por varios caminos. Todos confluyen en unas rocas situadas en la parte alta.

Aquí se concentran varios pasos de corta escalada, que permite subir entre los bloques. Especialmente duro es uno donde se descubren restos de clavijas. Sobre este grupo de rocas se alcanza finalmente una nueva horquilla desde donde se descubre el risco de Tres Cestos. En este punto hemos superado los 1.550 metros de altura.

El camino desciende unos metros y pasa al pie de la cara Este de la aguja hasta un collado por el que se pasa al lado exterior, Oeste, de la línea de cumbres que forma esta parte del Circo de la Pedriza.

Sigue un tramo horizontal y otro en suave descenso por suelo rocoso hasta el borde superior de un amplio pinar que ocupa la ladera occidental de esta parte de la montaña. El camino penetra un corto tramo en el bosque, baja unos metros, luego sigue horizontal y finalmente emprende una nueva subida. Ya por un terreno despejado, se superan unas amplias pedreas y en larga travesía diagonal se gana altura hasta los aledaños del alto collado del Miradero.

Este collado también llamado Carabina, tiene una altitud de 1.878 metros y es un privilegiado mirador como señala uno de sus nombres. En especial hacia el interior de la Pedriza, donde se identifican todas las agujas de la parte alta del circo: el Cocodrilo y el Risco de las Nieves, colgados sobre el callejón de las Abejas, los Hermanitos algo más arriba, la Bota, que surge solitaria en mitad del amplio bosque y cerrando el horizonte las Torres.

Hacia ellas se dirige el sendero. Lo hace por su parte exterior dirección Noreste. Gana altura rápidamente y se abre en varios ramales. Conviene tomar el situado más cerca del pie de las paredes Norte de las Torres. Tras pasar bajo ellas se llega a un collado situado tras la Cuarta Torre, punto donde se alcanza la mayor altura de toda la integral: 2.020 metros, prácticamente un kilómetro más alto que el inicio de la excursión en el muy alejado Canto Cochino.

Por el collado pasar al interior del circo de la Pedriza, en la ladera Sur del cordal, a través de un sendero que no cuesta mucho seguirse y que está señalizado. Una bajada lleva a un tramo horizontal que sortea los diferentes riscos que surgen en esta parte de la montaña.

En un momento dado se llega a una gran losa llana horizontal, es el llamado Comedor Termes, así bautizado en honor del banquero y excursionista madrileño amante de estos andurriales. Este lugar, aproximadamente situado en la mitad del recorrido del Circo de La Pedriza, es un buen punto para hacer un alto en el camino y beber y alimentarse. También para poner punto final a la primera entrega de las dos que componen la descripción de esta extenuante ruta montañera por todo el cordal del circo de la Pedriza posterior.

Fuente: EL MUNDO

Entre las Torres y el collado de la Ventana.| Marga Estebaranz

En la parte alta del Circo de La Pedriza.| Alfredo Merino

El risco de La Bota desde el collado del Miradero.| Marga Estebaranz

El Cancho de los Muertos desde el collado del Cabrón.| Marga Estebaranz

Dan Osman, desafiando a la muerte

Publicado: junio 11, 2011 en General

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Dan Osman, nació el 11 de Febrero de 1963, practicante de deportes extremos como la escalada natural o sin cuerda, o la caída libre controlada. Gran amante de los deportes de riesgo,  fue  poseedor de un autentico récord de caída libre con 400 metros.

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Nació en la hermosa región del lago Tahoe, desciende de una familia de Samurais,  comenzó a escalar a los 12 años,  llevando una vida bohemia sin apenas trabajar,  llegando incluso  a vivir durante meses en una casa construida en un árbol.

La escalada libre sin cuerda que solía practicar Osman,  más que deporte, era un desafío a la muerte. Unas formas de escalada tan temerarias pero al mismo tiempo excitantes. Dan, solo buscaba retos importantes, se comportaba como una autentica largartija en su medio.

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Existe una modalidad llamada psicobloc que se realiza sobre acantilados,  su practica en la escalada natural se antoja más segura ante cualquier fallo imprevisto. Pero para Dan Osman los desafios tenían que ser mayores, buscando siempre lo imposible. Claro está que tarde o temprano podría llegar el imprevisto.

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Murió el 23 de Noviembre de 1998, a la edad de 35, tras fallar una cuerda mientras practicaba una caída libre controlada desde la Leaning Tower en el Parque Nacional deYosemite, California. Un cambio en el ángulo del lugar del salto causó probablemente que las cuerdas se cruzaran y enredara, llevando a que la cuerda se cortara al fundirse por la fricción, el salto lo realizó de espaldas.

Más información en Wikipedia y en outside

Más fotos escalada a Leaning  Tower en Terra galería

Colección de 6 vídeos de Osman en Valtellina

Fuente: elbauldejosete.wordpress.com/

En los últimos años estoy dedicado a estudiar filosofía. Siempre me he sentido atraído hacia este saber universal, principio base de la toda la ciencia. Y curiosamente mi fascinante y nunca concluida vida de explorador y alpinista es la que me ha introducido en ella: alpinismo y filosofía. Aún todavía adolescente yo pensé que existía un ingrediente mágico en las pasión por el alpinismo, y en esa «conciencia de la vivencia», que son las grandes ascensiones y las arriesgadas escaladas. En cualquier caso yo siempre he creído que los humanos, es decir casi todos nosotros, los demás seres vivos solo cuentan para ser nuestras víctimas, deberíamos tener una filosofía de vida, o incluso creo que la vida solo es pura filosofía. Quizás por ello hay que saber algo de ésta, aunque sea poco, pero con la mayor claridad posible, la que nos permita nuestro pobre cerebro. Dicen los neurólogos contemporáneos que el cerebro humano es por el contrario un poderoso y admirable centro de memoria y captación de sabiduría, con muchas funciones poco activadas y todavía mal utilizadas por la proverbial torpeza del hombre. Ojalá en el futuro el hombre se aplique y cambie en mentalidad y conducta, ya que en los miles o millones de años, que llevamos de historia (los paleontólogos y demás sabios no se ponen nunca de acuerdo) la humanidad es una pena de guerras, desencuentros, crueldades y torpes ambiciones. Tanto que Ciorán, el famoso pensador rumano, llegó a decir que el hombre «es un hecho lamentable». En los últimos años estoy leyendo a Descartes, además de Kant, Schelling, Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger, sin olvidarme de Bergson ni de Hüsserl. A Ortega lo estuve estudiando los últimos 40 años, y ahora toca «capturar» y «aprehender» la «bondad» de sus maestros. Él, Ortega, fue más un gran divulgador y un perspicaz pensador que en si mismo un filósofo, y fue muy poco metafísico, aunque la Universidad Central de Madrid le otorgará la cátedra de Metafísica. Realmente Ortega era casi lo contrario a un metafísico: un vitalista racionalista, es decir un raciovitalista inspirado en Bergson y deslumbrado por el genio fulgurante de Nietzsche y la cientificidad de Heidegger con su obra clave pero inconclusa de “Ser y Tiempo” que ejerció una deslumbrante influencia en Ortega y en la sociedad culta de los años «30». Descartes fue un prócer del pensamiento, un sabio matemático que pretendió tratar los problemas de Dios, del hombre y del alma, a través de la meditación pura, tomando a la duda como sistema y como método. Dios existe, dijo, ya que solo a Él y a su esencia puedo atribuirle mi existencia. Descartes fue más mucho más un metafísico que un racionalista, prolongando los estudios de Aristóteles en la «filosofía de la ciencia», los primeros principios y las primeras causas: «intuición para los principios y deducción para las conclusiones» Descartes haya la razón del método, el método científico, a través de la «duda». En su obra el “Discurso del Método” Descartes menciona el servicio fundamental que las matemáticas le han prestado: «los largos encadenamientos de raciocinios, simples y fáciles, de los que se sirven los geómetras para alcanzar las difíciles demostraciones, me han dado ocasión para imaginar que todos los conocimientos que el hombre tiene se conocen y se deducen del mismo modo». Para mi Descartes, calificado como uno de los más grandes racionalistas, seguido por Spinoza y Leibniz es un filósofo difícil, que hay que estudiar y casi descifrar, y en él tengo claro que además de ser un hijo de la Escolástica llegó a la conclusión de que la bondad era la «summa» de la sabiduría, quizás la «suprema inteligencia» si es que la inteligencia se puede medir, que yo en mi modestia mental siempre lo he dudado mucho. La bondad es la «summa» de la sabiduría. Solo esa docta deducción de Descartes sería suficiente como para declararle una abierta admiración, pasando por la duda elevada a razón, en esa búsqueda afanosa del «método» descubierto por su propia experiencia. La bondad es lo que de verdad puede dignificar a este lamentable animal humano, al que cantamos y alabamos como modelo social, juez, verdugo y dictador de la vida sobre la Tierra. A estas alturas del fracaso relativo, pero cierto de la humanidad, deberíamos todos, letrados y menos letrados, tener un poco de humildad, no alardear nunca de coeficiente de inteligencia, y buscar decididamente el afecto y la bondad en el esfuerzo, el sufrimiento y la posible belleza de la existencia, tratando de elevarla a lo que es la «esencia», la que no lleva a nuestro propio «ser», ese estado del alma que casi nunca sabemos o podemos alcanzar. He repasado aquellos temas de la historia de la filosofía, en los viejos libros que teníamos que aprender casi de memoria en el bachillerato (ese esfuerzo que nos fortalece mentalmente a pesar de que tanto haya sido criticado) pero estos, los libros de enseñanza de hace 50 años, que he consultado, me han parecido un desacierto por su oscuridad y torpe redacción, a pesar de estar entonces diseñados por quiénes estaban considerados cómo ilustres catedráticos. ¿Quién era capaz de explicar con claridad los arduos sistemas filosóficos? Pocos. Tampoco el latín y el griego, lenguas tan importantes para la verdadera cultura, se estudiaban bien, y la mayor parte de los profesores no estaban ni mucho menos a la altura de la exigencia, y ya sabemos que a mayor ignorancia del profesor mayor exigencia para los alumnos. Sea como fuere aquel planteamiento, tengo que decir qué, con sus defectos ha podido ser el origen de inquietudes posteriores que pueden o pudieran desarrollarse muchas decenas de años después. Volviendo a mi tema, les diré que en estos últimos años me encuentro dedicado casi totalmente a escalar montañas y a reflexionar sobre esas notables experiencias. Nunca me he sentido más rotundo en mi pensar. Estoy viviendo a plena conciencia, es decir con intencionalidad, fenómenos de vida, experiencias «fenomenológicas», extraordinarias y casi diría yo que alcanzando la esencia de la existencia, es decir el verdadero «ser». La «fenomenología» es como se recuerda el método intuitivo para buscar la esencia a través de las vivencias de la conciencia, un método que Hüsserl creó siendo una de las corrientes más importantes de la filosofía contemporánea. Es así. Las montañas son pura filosofía, al fin una experiencia casi estremecedora que llevo 50 años experimentando para mi fascinación: “Al encuentro de las tormentas vuela audaz el espíritu prediciendo el destino…” escribió el genio metafísico de Rilke. El alpinismo y la aventura de la vida en las cimas es un encuentro magnífico del hombre, que siempre ha sublimado y ennoblecido, por qué a los humanos y a nuestra sociedad nos apabulla solo la muerte, la muerte que siempre fascina. Todavía hoy, aún perdido el romanticismo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las montañas son un juego de «rol» un reino mítico en donde el hombre puede reinventar el personaje en el que desea convertirse, un lugar mágico ( lo cima siempre lo es) de transfiguración psíquica y de recreación de uno mismo. Termino estas deducciones y reflexiones sobre Filosofía y Alpinismo con un pensamiento de Byron: «Las heridas del alma solo se curan en las cimas» Y esta aseveración de Nietzsche, honda y certera, que pudiera parecer petulante y hasta engreída, pero que siento el deber de decir que la comparto: «Solo amo lo que se ha escrito con sangre, la sangre es espíritu y quien escribe con sangre no quiere solo ser leído, sino que se le aprenda de memoria».

Extraído de: Montaña y Tradición

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid y de la Junta de Castilla y León aprueba enviar la propuesta a sus órganos legislativos.

Informa Paco Cantó, Vocalía de Medio Ambiente de la FMM

El pasado jueves día 17 de febrero, se dio conocer la propuesta de los Gobiernos Regionales sobre el Parque Nacional para la Sierra de Guadarrama. En la nota y la rueda de prensa de Madrid, se indicó que se había ampliado casi en 2.000 hectáreas más, un 10 % sobre lo inicial, si bien nada se dijo de ciertos recortes de gran relevancia, que se pueden observar en los mapas que aportaron.

Las ampliaciones asumidas fueron pedidas, entre otras, en las alegaciones que presentó la Federación Madrileña de Montañismo, si bien todavía no tenemos el texto definitivo y los planos detallados de todo ello. Queda también pendiente de resolver si por fin se vuelve a considerar el montañismo como actividad tradicional, como siempre ha sido, y como está reconocido en todos los espacios naturales protegidos de montaña.

La Comunidad de Madrid ha presentado un plano en el que se eliminan los estrechamientos territoriales en el Puerto de Navafría, Cerro Malejo y los enclavados de La Pedriza, y en el que se aumenta la superficie por las cumbres de los Montes Carpetanos y los bosques de robledales y pinares de Navarrendonda y San Mamés, en montes de utilidad pública incorporando, según parece, el monumento natural de la cascada de El Chorro de San Mamés.

Cumbre de Peñalara incluida en el PN Pinares de Valsaín excluidos del PN Documento presentado por la Comunidad de Madrid el 17 febrero

Sin embargo y con el extraño objeto de evitar el aislamiento territorial de las estaciones de Valdesquí, Navacerrada y el Alto de Guarramillas (Bola del Mundo) se recorta toda la vertiente oeste de las Lomas del Noruego, en la zona más alta de los Montes de Valsaín, en Segovia. Quedando por ello infrarrepresentado este emblemático pinar en el Parque Nacional, cuando lo correcto sería haber incorporado estos magníficos pinares y los de Los Belgas en el Valle del Lozoya, en su máxima extensión.

En todo caso será en los trámites legislativos, tanto regionales, pero sobre todo en el Parlamento Nacional, donde se dirá la última palabra, pues se pueden y se deben hacer todavía muchas enmiendas para mejorarlo y ampliarlo. Por ejemplo que el Organismo Autónomo de Parques Nacionales, proponga incluir, aportando por su parte y como prometió desde el Ministerio de Medio Ambiente Cristina Narbona, todo el Monte del Valsaín en este Parque Nacional.

Por otro lado, en la zona oeste de la Sierra, no solo no se ha incorporado el Monumento Natural de Interés Nacional de la Peña del Arcipreste de Hita, como se pidió en nuestras alegaciones y se reivindicó en una marcha de Allende Sierra en 2005 con la asistencia y aprobación del entonces consejero de medio ambiente Mariano Zabia y numerosos directores generales, sino que, por causas inexplicables, se ha excluido también a La Peñota y su entorno, quedando ahora fuera de la propuesta de Parque Nacional. Pero no sólo se ha retirado la protección de La Peñota, la Peña del Arcipreste y el collado de Gibraltar, sino también, en el lado segoviano, de las laderas del valle del río Moros (Cerro de Matalafuente, Pico del Cuervo y Cerro del Mostajo). Al final, el Parque retrocede más de 5 km, sin venir a cuento ni saber el porqué, pues es zona de reconocido valor cultural, histórico y paisajístico. Definitivamente el pueblo de Guadarrama, no está dentro ni aporta un solo m2 al Parque Nacional de su mismo nombre.

En todo caso, y a pesar de los sucesivos recortes y rebajas en la protección, se puede considerar un paso histórico que esperemos no tenga vuelta atrás. Os invito a que comentéis y difundáis todo ello, pues solo si agitamos las conciencias podremos ir a mejor y conseguir un Parque Nacional de verdad.

Entrenamiento en La Masó

Publicado: febrero 28, 2011 en Actividades.

Nuestras últimas salidas

Publicado: febrero 15, 2011 en Actividades.

PATONES

PEDRIZA

DOS HERMANAS

¿El alpinista ideal?

Publicado: febrero 4, 2011 en General
¿EL ALPINISTA IDEAL?
César Pérez de Tudela

El alpinista ideal no creo que exista nunca. El hombre es un ser en eterna búsqueda que jamás encuentra.
Quizás es uno de los humanos que más se acerca a la esencia del ser, pero la misión escapa de la virtuosidad y constancia que requieren hasta los mismos “ochomiles de la Tierra”. Lograr encontrar el equilibrio entre lo que haces, lo que deberías hacer, y lo que podrías hacer es una misión casi imposible.

Condenarse a subir montañas toda la vida y constantemente, una tras otra, como meta ideal de una vida puede constituir hasta una locura desesperada de quiénes han optado por darse por fracasados en otros fundamentales de la existencia. El mismo Che Guevara, personaje que las conveniencias ideológicas y hasta la misma visión de quiénes están atados a la rueda inexorable de la existencia han idealizado de forma infinita, puede ser un caso de infelicidad y de frustración.
El Che, el generoso luchador de los derechos de los oprimidos de la Tierra, el Jesucristo del siglo XX, también era el típico mal estudiante incapaz de terminar con éxito su añorada carrera de medicina, incapaz de llevarse bien con su familia, y consigo mismo sabiendo compaginar pasiones y devociones, con equilibrio y esfuerzo, o huir de todo para sumergirse en esa misión en la que encontró la muerte.
El equilibrio es fuente de seguridad y aún de felicidad. Y la felicidad es llevarse muy bien con uno mismo, estar contento de como eres y conforme con lo que tienes. Leer el resto de esta entrada »